¿Qué me pongo para estar fuerte?

Es la pregunta que se vienen haciendo montones de generaciones desde tiempos inmemoriales. Pero fue en los años 30 del siglo XX con la purificación química a partir de extractos de testículos cuando se pudo encontrar la hormona de la fuerza, la virilidad, el ímpetus con su lado oscuro y todo. Era todo atractivo y sencillo una sustancia para cada cosa, la llamaron testosterona, por su procedencia y por ser una de tantas hormonas esteroídicas que se estaban descubriendo.

El tema era muy atractivo el elixir varonil, e inmediatamente se investigó su composición, estructura y propiedades, y cómo no, se afrontó la síntesis artificial a partir de colesterol de las distintas hormonas sexuales. Conociendo a la raza humana sino hubiera habido un tráfico de criadillas, sin par.

Y se consiguió, gracias al trabajo y creatividad de los químicos de la época la síntesis de androstendiona y testosterona se obtuvo en 1935 por Leopold Ruzicka que recibiría posteriormente el premio Nobel de Química en 1939 junto a Adolf Butenandt el que aisló el elixir. Se había abierto un nuevo campo de estudio enorme en la ciencia, el de las hormonas esteroídicas, que continua en la actualidad incluyendo el dopaje.

El cuerpo humano fabrica principalmente tres hormonas esteroídicas con efectos anabólicos (aumento de masa muscular) y androgénicos (virilizantes): la testosterona y sus derivados dihidrotestosterona y nandrolona. Sus efectos vienen mediados en buena medida por su interacción con el receptor de andrógeno (AR) presente en los tejidos diana. Músculos, folículos pilosos, mamas, genitales, cerebro, etc. Con el fin de obtener compuestos que diferencien mejor estas dos actividades se han desarrollado muchas variantes sintéticas de estas hormonas, más potentes en algunos casos pero con diferentes efectos indeseables. La mayoría son sustancias no permitidas en los deportes y algunas no recomendadas para su uso en humanos.

El cuerpo humano fabrica principalmente tres hormonas esteroídicas con efectos anabólicos (aumento de masa muscular) y androgénicos (virilizantes): la testosterona y sus derivados dihidrotestosterona y nandrolona. Sus efectos vienen mediados en buena medida por su interacción con el receptor de andrógeno (AR) presente en los tejidos diana. Músculos, folículos pilosos, mamas, genitales, cerebro, etc. Con el fin de obtener compuestos que diferencien mejor estas dos actividades se han desarrollado muchas variantes sintéticas de estas hormonas, más potentes en algunos casos pero con diferentes efectos indeseables. La mayoría son sustancias no permitidas en los deportes y algunas no recomendadas para su uso en humanos.

Al ver los efectos andrógenicos y anabólicos de esta sustancia en humanos se inició una búsqueda para su perfeccionamiento. El fin podía ser obtener mejores soldados, atletas u hombres más hombres, todo era posible. De hecho la historia de los juegos olímpicos y de los logros deportivos de los países están muy ligados a su supremacía, pero no étnica, sino de su capacidad para diseñar, fabricar o utilizar nuevas sustancias anabolizantes. Y con ello, por supuesto el control de su uso como trampa.

Pronto se empezaron a añadir diferentes grupos funcionales a la molécula madre, que si un metilo en el carbono c17 hacía que se pudiera aprovechar de sus propiedades por vía oral, aunque también amentaba su hepatotoxicidad en muchos casos, que si un doble enlace más en el primer anillo la hacía más potente, pero con más efectos secundarios. Así fueron apareciendo nuevas variedades a partir de las tres hormonas masculinas naturales.

Para ponernos en hora, el cuerpo humano fabrica principalmente tres hormonas esteroídicas con efectos anabólicos (aumento de masa muscular) y androgénicos (virilizantes): la testosterona y sus derivados dihidrotestosterona (DHT) y nandrolona. Sus efectos vienen mediados en buena medida por su interacción con el receptor de andrógeno (AR) presente en los tejidos diana. Músculos, folículos pilosos, mamas, genitales, cerebro, etc. Esto se supo mucho más tarde

Con el fin de obtener compuestos que diferencien mejor estas dos actividades, se fueron ensayando las variantes sintéticas de estas hormonas, más potentes en algunos casos pero con diferentes efectos indeseables. Además si no servía para engordar medalleros servirían para engordar ganado. Durante las décadas de los 40, 50 y 60 hubo una impunidad más o menos velada en el uso de esas sustancias.

De hecho durante bastante tiempo se creyó que había al menos dos ‘receptores’ distintos que producían las diferencias entre androgenicidad y anabólisis. Se buscó la sustancia más puramente anabólica sin un componente virilizador exagerado.

En los 60, por ejemplo, apareció la metandrostenolona conocida como Dinabol (una boldenona C-17), era unas pastillas pentagonales rosas, que aumentaban mucho el rendimiento y la masa muscular, etc, para orgullo de las naciones o personas que lo utilizaban. El uso cada vez más resabido de estas y otras sustancias llevó a su prohibición y a la creación de los controles y pruebas antidopaje en 1968, después de décadas de utilización y desarrollo. Ni que decir hay que esto no provocó un descenso de su uso, por el contrario se desarrollaron nuevas variantes y métodos de enmascaramiento. Es una guerra que aún continua. En los últimos años incluso se han revivido esteroides inventados en la explosión sintética de los años 50 como el metasterona o se han introducido nuevos como la tetrahidrogestrinona (the clear) indetectable hasta que lo fue. No solo es una cuestión de eficacia sino de invisibilidad.

¿Se ha logrado el anabolizante perfecto? Pues no, hay mucha variedad, cientos, pero nada que produzca maravillas. Tampoco es que las nuevas hormonas hayan superado con mucho a las naturales, la testosterona, nandrolona y se siguen utilizando. Cual deciden tomar las personas depende más de la disponibilidad en el mercado negro o normal, de que este de moda, o en deporte profesional de su posible positivo.

Los anabolizantes puede que supongan uno de los campos más ensayados por humanos en condiciones menos controladas, menos mal que en algunos casos se ha logrado dirigirlos a la medicina para tratar síntomas de diferentes enfermedades.

Este post participa en el XXVII Carnaval de Química, que se aloja en el magnífico blog Educación Química

Anuncios

Un comentario en “¿Qué me pongo para estar fuerte?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s