Medicina basada en la evidencia sin transparencia

Cada vez con más frecuencia tendemos a mostrar y apoyarnos en los casos positivos,  presentándolos como evidencia a favor de determinadas ideas, y sin embargo, tapamos los casos negativos si estos no ayudan a nuestra idea. Es como la cama de Procrustes si el invitado es más grande que la cama lo amputamos y si es más pequeño lo estiramos, esta es la analogía.

El problema es que esto mismo se está dando en la medicina basada en la evidencia, esa que tanto éxito ha tenido desde los años treinta hasta ahora. Pero en la evidencia quiere decir, no solo la positiva. Si hacemos un estudio aleatorio doble ciego, por ejemplo, para evaluar la efectividad de una sustancia frente al placebo u otro fármaco, para tratar un determinada dolencia, este puede resultar estadísticamente mejor, igual o peor. El caso en que salga peor o igual no quiere decir que estemos ante un fracaso, pero sí, con casi toda seguridad de que nuestro experimento no verá la luz, no será publicado. ¿Quién quiere datos negativos?

Un buen ejemplo sobre los problemas de no hacer públicos los resultados negativos en los estudios científicos o en los ensayos clínicos lo pone Ben Goldacre en esta conferencia TED.  Goldacre que es el autor que escribió el libro “Mala ciencia” y recientemente ha publicado “Bad Pharma”.

Mirar solo casos positivos está bien para vender best sellers de casos empresariales de éxito tipo cafeterias franquicias, sin tener en cuenta la multitud de casos donde una estrategia parecida a conducido a fracasos estrepitosos. La ceguera por exceso de luz no es perjudicial donde nos jugamos poco, pero si es peligrosa extendida como mantra aplicable a todos los casos.

Parte de la charla transcrita y destacada

Esto también pasa, por ejemplo, en la investigación sobre cáncer.

En Marzo de 2012, unos investigadores publicaron en la revista Nature

que habían intentado replicar 53 diferentes estudios de ciencia básica,

que exploraban dianas terapéuticas para el cáncer

y de esos 53 estudios, sólo fueron capaces de

replicar con éxito seis.

Cuarenta y siete de esos 53 no fueron replicables.

Y dijeron en la discusión que es muy probable

que sea debido a publicaciones mal hechas.

La gente hace montones y montones de estudios diferentes,

y en las ocasiones en las que salen positivos, funcionan, ellos los publican

y en aquellos que no funcionan no lo harán.

Y la primera recomendación de cómo arreglar este problema,

porque es un problema, ya que nos conduce a callejones sin salida.

La primera recomendación de cómo arreglar este problema,

es hacer más fácil la publicación de los resultados negativos en ciencia,

y cambiar los incentivos por los que los científicos son

alentados a hacer públicos sus resultados negativos.

Pero esto no pasa solo en el seco mundo de la

investigación científica preclínica básica sobre cáncer.

También pasa en la muy real, de carne y hueso,

medicina académica. Por ello en 1980,

unos investigadores hicieron un estudio de una sustancia llamada lorcainida,

que era un anti-arrítmico, un fármaco que suprime los ritmos cardiacos anormales

la ideas era, que después que  la gente que había tenido un ataque cardiaco

había una mayor probabilidad de tener arritmia,

por lo que darles una sustancia que evita la arritmia,

incrementaría las probabilidades de supervivencia,

En los inicios del desarrollo del fármaco, hicieron un ensayo muy pequeño,

con un centenar de pacientes,

A cincuenta se les dio lorcainida y de ellos diez murieron.

Otros 50 pacientes se le dio una pastilla de azúcar como placebo,

sin principio activo, y solo uno de ellos murió.

Por lo que acertadamente consideraron desestimar el fármaco

y su desarrollo comercial se abortó, y debido a

que se paró su desarrollo comercial, el ensayo nunca fue publicado.

Desafortunadamente, durante el transcurso de los siguientes diez años,

otras compañías tuvieron la misma idea sobre las sustancias que podrían

prevenir las arritmias en la gente que había tenido ataques cardiacos.

Dichos fármacos se llevaron al mercado. Fueron prescritos

muy difusamente ya que los ataques al corazón son muy comunes

y llevó mucho tiempo entender que dichas medicinas

también causaban un incremento en la tasa de mortalidad

que antes habíamos detectado como señal de seguridad,

cerca de 100.000 personas murieron innecesariamente en América

por la prescripción de fármacos anti-arrítmicos.

Ahora realmente, en 1993,

los investigadores que hicieron el estudio de 1980, el primer estudio,

publicaron un mea culpa, una disculpa a la comunidad científica

en la cual decían “Cuando llevamos a cabo nuestro estudio en 1980,

pensamos que el incremento de las muertes que se vio

en el grupo de la lorcainada era un efecto de la casualidad.”

El desarrollo de la lorcainida se abandonó por razones comerciales

y el estudio nunca fue publicado

Es ahora un buen ejemplo del sesgo de publicación.

Este es el término técnico para dicho fenómeno donde

datos poco halagüeños se pierden, quedan sin publicar,

quedan desaparecidos en combate,

y los autores dicen que los resultados aquí descritos

“podrían haber proporcionado un aviso temprano de los problemas futuros”

Estas son historias de la ciencia básica.

Son historias de hace 20 ó 30 treinta años.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s