Ni los hombres son de Marte y ni las mujeres de venus, ¡que sepamos!

De un tiempo a esta parte, se vienen utilizando estudios científicos y sus conclusiones convenientemente enfocadas para apoyar ciertas posiciones. Sobre todo en lo que se refiere a las diferencias comportamentales y cerebrales ‘innatas’ entre mujeres y hombres que parecen ser/son más ideológicas que científicas. Además, se les presta mucha más atención en los medios de comunicación y en los espacios de divulgación científica. Esto en sí no es malo, si no fuera porque finalmente se utilizan para guiar, justificar y apuntalar políticas educativas sesgadas, y discriminación en las empresas u otros ámbitos.

¿Qué hay de verdad en las diferencias cerebrales o en desarrollo cerebral entre hombres y mujeres? ¿Qué base científica hay detrás? ¿El género importa a la hora de educar? ¿Hay que volver a separar de las aulas a niños y niñas? Libros como los hombres son de Marte y la mujeres de Venus, ¿tienen algo de verdad?

Siempre llaman mucho más la atención las diferencias ‘insalvables’que las similitudes entre hombres y mujeres, nos gustan y su causa nos parece inevitable. Como también lo hacen los pensamientos de izquierda y de derecha, la aversión o propensión al riesgo, ecétera y se intentan justificar desde una base biológica, interpretándolas además, como una tendencia innata, programada en los genes. Es la eterna pelea sobre qué moldea más, si el entorno o la genética (nature or nuture, educación, nutrición en castellano antiguo o naturaleza). Vamos a ver pues, quiénes son los tartufos en esta historia.

Una de las afirmaciones más comunes vistas en las publicaciones que apoyan la visión innata o programada, es que el desarrollo intelectual de chicos y chicas es desigual. Aseveran cosas como: “En las niñas, las áreas del lenguaje del cerebro se desarrollan antes que las áreas utilizadas para las relaciones espaciales y de la geometría. En lo niños es justo al revés”, que en principio parece muy intuitiva y coherente, pero es un sesgo congnitivo. Y tras esta afirmación es fácil seguir con: “los cerebros están cableados de manera diferente. En la chicas la emoción se procesa en la misma área del cerebro que trata el lenguaje”, para sacar la conclusión de que: “por ello es para ellas más fácil hablar de sus emociones” y bla, bla, bla… La lógica parece ser la siguiente tienes un vecino amable, ya no compras sal, se la pides, la buscas cerca, tienes una tendencia a sobreutilizarla. En los chicos es diferente hay que ir a por la sal donde las emociones, te ‘pilla’ lejos, vas menos y comes soso.

No es así, las mismas regiones del cerebro registran brotes recurrentes de desarrollo en ambos sexos. No podemos afirmar libremente que unas maduran antes que otras según el sexo. Tampoco se puede argumentar que los hombres son racionales y las mujeres emocionales y a la vez que los hombres son más violentos en general que la mujeres, el 90 de la población reclusa es masculina. Una historia por muy elaborada y atractiva que sea, no termina por ser verdad, sólo lo acaba pereciéndolo.

Las diferencias entre el cerebro femenino y el másculino.

Las diferencias entre el cerebro femenino y el másculino.

Por supuesto hay cierto dimorfismo sexual evidente y medible. Los cerebros de los hombres son de media un 11% más grandes que el de las mujeres. Contrariamente a lo que se suele afirmar, el cerebro del hombre tiene de media algo más de materia blanca y más gris en la mujer. Los hombres adultos son un 18% más pesados y un 9% más altos que la mujeres, etc.

Pese a que algunos estudios encuentran diferencias estadísticas de tamaño en ciertas regiones del cerebro entre hombres y mujeres, cuando se realizan meta análisis uniendo los datos de diferentes estudios, muchos no superan la prueba estadística de sus afirmaciones. Es más, debería recalcarse que pese a la vasta información obtenida a partir de los estudios de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI), ésta No indica diferencias significativas e indiscutibles en estructuras como la amígdala, el caudado o el cortex orbitofrontal, relacionadas todas ellas con el comportamiento. Tampoco indican diferencias de conexión entre áreas, aunque haya estudios que sí las hayan encontrado y por ello se hayan difundido hasta la saciedad en muchos medios de comunicación.

No obstante, el que hubiera diferencias claras no indicaría que estas sean innatas y estén grabadas en el programa genético. Que les veamos un sentido evolutivo no quiere decir que éstas hayan tenido peso para la selección natural. Cuidado que nos podemos meter en un cuello de jirafa.

La cultura en nuestro caso es un potente moldeador de diferencias y correlaciones, y a la luz de la epigenética puede que refuerce sus cambios en nosotros. En ausencia de pruebas claras de que las diferencias encontradas, estén programadas, muchos parecen recurrir de inmediato a sentido evolutivo (que puede ser resbaladizo) o a las hormonas sexuales en sus conclusiones. En las cuales obvian la influencia de otros modeladores más probables como son la experiencia, la práctica o la plasticidad neuronal.

Es la ciencia una manera de formalizar el sentido común o es más bien lo contrario, una manera de comprobar qué es en verdad contradictorio a nuestras intuiciones más arraigadas. Qué llega antes al suelo si se deja caer desde una torre una bala de cañón o una canica, la respuesta intuitiva no tiene porque ser la acertada.

REFERENCIAS

The Trouble with Sex Differences. Lise Eliot. Neuron – 22 December 2011 (Vol. 72, Issue 6, pp. 895-898)

Un comentario en “Ni los hombres son de Marte y ni las mujeres de venus, ¡que sepamos!

  1. ¿ y por qué no vamos a ser diferentes?
    Por qué solo va a ser la diferencia externa? ¿ Qué de malo hay en ser diferentes?
    Lo que tenemos es que respetarnos. En cualquier generalidad hay errores, eso está claro. Pero tenemos tareas diferentes por lo general, tenemos cuerpos diferentes por lo general. Lo que no quiere decir que en lo particular surjan innumerables combinaciones.
    La respuesta intuitiva no tiene por qué ser la acertada ni tampoco lo contrario.
    Opino que hay que partir de una generalidad y luego tratar las particularidades y respetar esta maravillosa diversidad que existe en el universo.
    La generalidad es que somos diferentes y eso es evidente, y no debiera de tener ningún problema, sino tratar de entendernos lo mejor posible.
    Ese libro que comentas, me parece realmente fantástico. Está claro que es una generalidad y es así como se presenta, no puede coincidir en todo pues solo habría dos personalidades y eso es evidente que no es así. Son tendencias que nos ayudan a comprender mejor. Pero de todas formas, muy agradecido por tu post.

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